Apuntes para PRUEBA PRESENCIAL Fundamentos de Ciencia Política I (Grado de Ciencia Política y de la Administración -UNED) |
En este capítulo se ofrece una
visión de las posibilidades analíticas de los tres enfoques de investigación utilizados
con más frecuencia en Ciencia Política. Por último, también se muestra cómo los
conflictos bélicos han sido estudiados desde cada uno de estos enfoques.
Un enfoque de investigación expresa
una preferencia acerca de qué observar a la hora de aproximarse a la realidad,
es decir, ilumina una determinada
parte de la realidad, nunca la realidad en su totalidad. A pesar de que un
enfoque de investigación no explica nada por sí mismo, sí que permite construir
teorías [1] que implican hipótesis descriptivas o
causales más específicas del tipo «cuando ocurre A, (no) ocurre B» [2]. En consecuencia, la utilidad de un enfoque de
investigación viene determinada por la riqueza y validez de las teorías de permite
generar.
1. ENFOQUE CONDUCTISTA (BEHAVIORISTA). Los factores que caracterizan y otorgan identidad propia al Conductismo como enfoque de investigación en Ciencia Política se resumen en 8 puntos:
1. ENFOQUE CONDUCTISTA (BEHAVIORISTA). Los factores que caracterizan y otorgan identidad propia al Conductismo como enfoque de investigación en Ciencia Política se resumen en 8 puntos:
Definición
de Conductismo. Todo lo que aúna teoría empírica y
observación de la realidad mediante técnicas y procedimientos homologados. De
esta definición se deriva su objetivo
(otorgar un estatus científico al estudio de la Política) y sus métodos (predominantemente empíricos). Para
R. Dahl, el Conductismo constituye un intento de mejorar
el entendimiento de los aspectos empíricos de la política utilizando métodos,
teorías y criterios de verificación aceptables de acuerdo con los cánones y los
supuestos de la Ciencia Política moderna.
Origen
en el Positivismo. El Conductismo se basa en la
concepción de la ciencia como conocimiento fundado exclusivamente en la
experiencia, de tal forma que establece una clara separación entre las teorías «normativas» (centradas en el «deber ser») y las teorías «empíricas» (basadas en la observación estructurada de la
realidad).
La
Política no es un arte, sino una lucha por el poder. Rechaza la idea de que la política sea un arte. Se trata de
la teoría y la práctica de la lucha por el poder: cualquier actividad política
consiste en una lucha entre las élites rivales orientada a mantener,
incrementar o demostrar poder. Por tanto, puede estudiarse de forma científica
focalizando la atención en el comportamiento y las actitudes de los individuos.
Visión
plural de la política. Frente al
marxismo y al elitismo, el Conductismo afirma una visión plural de la democracia destacando la apertura del sistema
político a la participación política de los individuos y a la representación de
todo tipo de intereses. Por ello, en los Estados Unidos de los 50 los
conductistas fueron apodados como pluralistas.
Prueba de esta pluralidad es la dispersión de los temas abordados desde el
Conductismo: comportamiento electoral, participación política, comportamiento y
cultura política o violencia política.
Nuevo
objeto de estudio: la conducta política (individual y grupal). Existe la necesidad de observar y analizar empíricamente
los fenómenos políticos y las actitudes y los comportamientos de los actores
del juego político (individuos y grupos), obviando el estudio de las estructuras
formales y las normas jurídicas.
Vocación
y rigor científico de las investigaciones. Desde la convicción de que
la política puede ser estudiada científicamente y desde un gran rigor científico,
sus investigaciones siguen siendo un ejemplo de cómo una investigación
aparentemente modesta puede alcanzar una notable repercusión teórica. Algunas
de ellas, siguen teniendo plena vigencia hoy día [3].
La
primera revolución científica en Ciencia Política. El conductismo puede considerarse como la primera
revolución científica en la Ciencia Política porque la primera aplicación del
método científico en el estudio de la política se produjo con la aparición y
consolidación, en los años 50, del programa de investigación conductista, el
cual tuvo su origen en la Sociología y la Psicología. En los años 20 y 30 del
siglo XX se produjeron las primeras aplicaciones en el ámbito de la política
con los trabajos de Psicología Política de H.
Lasswell.
Ruptura
con los enfoques de investigación vigentes. Supuso
el declive de los enfoques hasta entonces dominantes en la Ciencia
Política:
(a) Jurídico-Formal
(la Teoría del Estado). Hasta
entonces, el estudio de la política se había centrado en el campo de la
Filosofía Política o el Derecho Político. Puesto que el Estado era el objeto de
estudio principal, todos los trabajos se enmarcaban en la Teoría del Estado. Dado que el estudio del comportamiento político
de los individuos está limitado al cumplimiento de los roles formales que las
leyes asignaban a los individuos, los politólogos deben centrarse en describir
la leyes que regulan la política y las competencias y prerrogativas de las
principales instituciones públicas.
(b) Marxista.
El marxismo adoptaba un supuesto de
partida radicalmente contrario: el derecho (el marco formal-legal en el que se
sustentan los Estados) simplemente refleja las relaciones de dominación
existentes en cada sociedad y en cada momento histórico. En una sociedad capitalista,
el Estado liberal representa el instrumento de dominación del que se sirve la
burguesía para ejercer su dominación sobre las clases trabajadoras, las «superestructuras» de las sociedades (un
mero reflejo de las estructuras sociales reales, las cuales eran de naturaleza
exclusivamente económica). Los politólogos deben estudiar los modos de
producción económicos y las relaciones de dominación existentes en cada
sociedad, no las instituciones políticas ni el comportamiento de los individuos
(el cual, se corresponde con su posición en el sistema de producción).
(c) Elitista.
La necesidad de estudiar las
instituciones políticas y el estudio de la Ciencia Política como disciplina
autónoma arraigó antes de la Segunda Guerra Mundial sólo en algunas universidades
de Estados Unidos. No obstante, previamente algunos autores europeos (R. Michels,
W. Pareto y G. Mosca) habían propuesto la Teoría
de las Élites según la cual, en todas las sociedades cabe identificarse una
clase dirigente (élite) que concentra el poder político y económico.
A pesar de las críticas que recibió, el balance general del
Conductismo debe ser necesariamente positivo. Como enfoque de investigación en
Ciencia Política, el Conductismo empezó a caer en crisis y descrédito a finales de los años 60 debido a 3 tipos de
críticas:
Desde la «Nueva Izquierda» se objeta que, con su obsesión por las técnicas y
métodos de investigación, el Conductismo contribuye a desconectar sus
investigaciones de la realidad y acaba siendo una ideología conservadora del statu quo.
Desde la Economía Neoclásica se cuestiona la cientificidad del método
inductivo y plantea como alternativa el Modelo de Racionalidad Deductivo,
dominante en la Teoría de la Elección Racional y en el análisis del
comportamiento de los actores económicos.
Desde el «Neomarxismo», defendiendo la necesidad de estudiar el Estado y sus
instituciones como un agente activo en la producción y reproducción de los
sistemas y las clases sociales, se esgrime que el Conductismo concibe al Estado
como un espacio neutral, cuando la evidencia empírica señala que esto no siempre
es así.
2. ENFOQUE DE LA
ELECCIÓN RACIONAL. Los factores que otorgan
identidad propia a la Elección Racional como enfoque de investigación en
Ciencia Política se resumen en 5 puntos:
Enfoque
Económico fundamentado en la
Teoría de la Elección Racional [4].
Es un enfoque de investigación que plantea el qué observar y cómo observar y
que permite elaborar teorías concretas que explican lo ocurrido o predicen qué
comportamientos políticos son los más probables bajo determinados supuestos.
La
Segunda Revolución Científica en Ciencia Política. Constituye la segunda revolución de la Ciencia Política
debido a su capacidad para explicar un gran número de fenómenos aparentemente
inconexos y a la trasparencia y sencillez de sus supuestos.
Objetos
de Estudio. Después de la Psicología, la
Economía constituye la otra gran fuente de influencias sobre 4 campos centrales
de la Ciencia Política en los últimos 50 años:
‒ El comportamiento electoral de
los individuos.
‒ Los procesos por los que los
actores forman las preferencias que definen sus posiciones en el juego
político.
‒ Cómo la información, la
comunicación y la coordinación son relevantes para explicar los resultados de
la acción política.
‒ Análisis sobre la influencia de
las instituciones, entendidas como «reglas
del juego».
Los Orígenes de la Teoría Económica de la
Política. Se encuentran en una
línea de pensamiento que rompe con la visión de la política y el Estado como
instituciones dedicadas a la conformación de la voluntad general. Concretamente,
tenemos que citar 5 referentes:
Utilitarismo
de J. Bentham. Todo acto humano, norma o institución deben ser
juzgados según la utilidad (placer o
sufrimiento que producen a las personas) y no de acuerdo a criterios morales o
normativos. Por tanto, el análisis de las cuestiones políticas, sociales y
económicas debe formalizarse a través de medidas que den cuenta de la
satisfacción, beneficio o utilidad de cada acción o decisión concreta para cada
individuo. Se trata de una nueva concepción de la Política centrada en el
objetivo de lograr la mayor felicidad
para el mayor número de individuos.
Comportamiento
Político Orientado al Bienestar Personal (J. Schumpeter,
1943). Esboza un modelo de comportamiento político basado en el supuesto de
racionalidad económica: toda acción humana está orientada a la maximización de
algún tipo de interés asociado al bienestar personal. El comportamiento de los
políticos y de los electores se estudia sobre la base de sus motivaciones e
intereses personales y no de la retórica en torno al interés general.
Paradoja
de Arrow o el Teorema de la Imposibilidad (K. Arrow, 1951). Dados unos supuestos razonables
sobre la estructura de preferencias de los miembros de una colectividad, no
existe ningún proceso de toma de decisión que produzca resultados racionales
desde el punto de vista colectivo [5].
La conformación de la voluntad popular es el resultado del tipo de reglas de
decisión que se adopten [6],
de tal modo que las reglas de decisión pueden producir resultados contradictorios
con las preferencias mayoritarias de los electores.
Teoría
de la Democracia (A. Downs, 1957). Siendo el primer
intento sistemático de trasladar este supuesto de racionalidad económica a la política,
plantea la política y el poder como un mercado en el que los votantes y
partidos políticos intercambian votos a cambio de políticas favorables y en el
que la motivación de votantes y representantes está exclusivamente orientada a
la satisfacción del interés personal. La Paradoja
de la Racionalidad del Abstencionista se explica por la baja probabilidad
estadística de que el voto individual sea decisivo en unas elecciones generales:
“como mi voto será poco influyente, no debería ir a votar”.
Bienes
Públicos y Lógica de Acción Colectiva (M.Olson,
1965). Plantea el análisis de los problemas de cooperación entre individuos con
vistas a la provisión de bienes públicos [7].
No participar en la provisión de bienes públicos puede considerarse como una
acción racional porque el individuo «free-rider»[8]
disfruta de los beneficios de una acción colectiva en la que no ha participado.
La cooperación entre individuos auto-interesados (acción colectiva) es posible
en dos tipos de situaciones que responden a la lógica de incentivos selectivos
destinados a facilitar la acción colectiva:
(a) Cuando el interés de uno o varios
miembros es tan elevado que deciden promover su consecución unilateralmente; y
(b) La cooperación es posible cuando
existen incentivos positivos para aquellos que participan o negativos para los
que quieran beneficiarse sin haber contribuido.
De este planteamiento se deriva una
paradoja: frente a lo argumentado por
los economistas en el sentido de que el afán de lucro puede ser beneficiario
para la colectividad (más competencia empresarial de mercado, mejores productos
y a precios más bajos para los consumidores), existen numerosas situaciones en
las que la suma de los actos racionales de los individuos puede provocar
consecuencias colectivas desastrosas (p.e. la abstención electoral generalizada
o insuficiente provisión de bienes públicos).
Principales Supuestos de la Teoría Económica de la Política. Los
rasgos definitorios de la Teoría Económica de la Política son los siguientes:
Individualismo
Metodológico. Rechazo a la idea de que las
estructuras o instituciones determinan el comportamiento de los individuos,
negándose el Determinismo Estructural o
Institucional. Al contrario, se plantea que el principal constreñimiento de
las acciones humanas reside en otras acciones humanas individuales y no de
actores colectivos (p.e. naciones o clases sociales).
La
Racionalidad Económica es la Motivación Básica de las Acciones Humanas. Las acciones individuales se explican por los resultados
que éstas producen en los individuos, es decir, en virtud de la interacción de
los fines últimos que persiguen bajo unas determinadas condiciones (p.e.
maximizar los ingresos personales), existiendo un mínimo de racionalidad común
a todos los individuos que puede ser operacionalizado en el plano agregado [9].
Existencia
de Consecuencias Imprevistas (o No Intencionadas) de las Acciones Humanas. Este supuesto es fácilmente comprensible con el Dilema del Prisionero (A.W. Tucker,
1950).
Claves
para la Interpretación del Dilema del
Prisionero:
‒ No contempla la posibilidad que,
por razones altruistas, un detenido decida no denunciar a su cómplice y asumir
en solitario una condena más elevada de la que le correspondería.
‒ El que A o B callen o delaten
depende de las expectativas que tengan acerca de lo que va a hacer el otro
actor: sus comportamientos son estratégicos.
‒ Revela una paradoja esencial de
las interacciones humanas: que el comportamiento racional (egoísta) de los
individuos puede llevar a resultados subóptimos desde el punto de vista
agregado: comportarse egoístamente y delatar al compañero es la única solución
(racional) del juego, pero claramente no la mejor para los detenidos.
‒ Dado que confiar en nuestro amigo
nos puede costar más que confiar en él y delatarle, lo mejor es delatarle: la
consecuencia es que ambos decidirán delatarse mutuamente.
‒ La paradoja del juego es la
siguiente: para minimizar el riesgo de pasar 10 años en la cárcel hay que
delatar al contrario. Sin embargo, con ello no se explotan adecuadamente los
beneficios de la situación, ya que ambos acaban pasando 5 años en la cárcel
cuando podrían haber pasado solamente 2 años.
‒ La lógica subyacente a la Matriz de Pagos de la situación
planteada es la siguiente: dado que 10 > 5 > 2 > 1, P > C > R
> T siendo P (Paga el Primo), C
(Castigo a la Deserción Mutua), R (Recompensa de Cooperación Mutua) y T
(Tentación de Delatar).
A través del Dilema del Prisionero, la Teoría de la Elección Racional muestra
cómo determinadas estructuras (de costes y oportunidades) pueden hacer que
comportarse racionalmente vaya en contra de los propios intereses.
La validez o invalidez de la teoría
no debe ser examinada en función de si observamos empíricamente que el supuesto
de racionalidad se cumple o no en la realidad, sino en función de la capacidad
explicativa de los modelos de comportamiento que construyamos de acuerdo con
tal supuesto.
El carácter deductivo de esta
teoría conlleva que la racionalidad económica deba ser entendida sólo como un
supuesto teórico previo, no como resultado de una investigación empírica inductiva.
Aúna el estudio de los aspectos
individuales de las motivaciones de la acción y las propiedades estructurales
del entorno que condicionan decisivamente los comportamientos estructurales.
3. ENFOQUE DEL NUEVO
INSTITUCIONALISMO. Los factores que caracterizan y otorgan identidad propia al Nuevo Institucionalismo como
enfoque de investigación en Ciencia Política se resumen en 3 puntos:
De
Nuevo Mirando a las Instituciones. Tras
varias décadas de olvido de las instituciones, los politólogos, sociólogos y
economistas volvieron la vista hacia ellas, sin que ello supusiera un despertar
del viejo formalismo jurídico por cuanto éste había quedado completamente
superado. De hecho, el Nuevo Institucionalismo
es nuevo porque destaca la existencia de importantes diferencias en la propia
definición de las instituciones y en los enfoques teóricos y las técnicas de
análisis utilizadas. Así pues, ni las instituciones que se estudian, ni los
métodos que se aplican son los mismos.
¿Qué
son las Instituciones? Las
reglas formales e informales, las normas y prácticas, los hábitos y las
costumbres que influyen en el proceso político, ya sea en el nivel «macro» (p.e. las Constituciones) o en
el nivel «micro» (p.e. el sistema
electoral). Esta nueva definición de institución no centra la atención en los
aspectos formales y legales (como organizaciones
jurídicas), sino en sus aspectos sustantivos:
¿hasta qué punto influyen, condicionan, estructuran o determinan las preferencias
y estrategias de los actores o los resultados del juego político?
Categorías
del Nuevo Institucionalismo.
Se diferencian tres categorías de nuevos institucionalismos: (a) Histórico; (b)
Racional; y (c) Sociológico. No obstante y dado que la hipótesis central de
todos es que las instituciones median entre el poder y los resultados
políticos, los análisis de este enfoque de investigación descubren las instituciones caso por caso.
3.1.
Institucionalismo Histórico. Si los pluralistas (conductistas) habían considerado el
Estado como un espacio neutral en el que se agregaban las preferencias y los
intereses de los actores políticos, los partidarios de recuperar el papel del
Estado (bring the state back in) entienden
que el Estado es un actor con sus propias preferencias y decisivo en el juego
político. De este modo, la naturaleza del Estado se convierte en un elemento
explicativo recurrente en las investigaciones de Ciencia Política.
Énfasis
en la Importancia de los Legados Históricos e Institucionales. Las instituciones son el producto de un contexto
político, social e histórico. Las instituciones configuran las estrategias y
los objetivos de los actores y median en sus relaciones de cooperación y conflicto,
de tal forma que acaban estructurando el juego político y condicionan
decisivamente sus resultados.
No adoptan el Individualismo Metodológico ni el supuesto de Racionalidad Económica como punto de partida, sino que siguen
creyendo en la capacidad explicativa de las estructuras frente a las acciones
individuales.
Las instituciones definen las preferencias.
Las acciones de los individuos
están más orientadas hacia la satisfacción de normas y valores que hacia la
maximización de beneficios personales o individuales.
El comportamiento de los individuos
constituye un tema de interés menor frente a las interacciones a gran escala
entre actores agregados (p.e. clases sociales) y estructuras (p.e. Estados). Lo
relevante no es que los actores se comporten racionalmente dentro de unas
estructuras basadas en unas determinadas preferencias (exógenas), sino cómo
explicar el surgimiento de estas instituciones, los cambios (endógenos) en las
preferencias de los actores, las transformaciones institucionales y su impacto
sobre el curso de la historia.
Los estudios de esta primera modalidad de Nuevo Institucionalismo se han centrado en:
(1) La influencia de las ideas que
albergan los actores políticos.
(2) Las consecuencias no
intencionadas de los diseños institucionales.
(3) Cómo las decisiones adoptadas en
el pasado inciden en las decisiones del presente, creando una dependencia de senda (path dependency).
3.2.
Institucionalismo Racional. Los conductistas consideraban que las
instituciones eran conchas vacías que sólo cobraban sentido en función de los
valores, roles y el estatus de los individuos. Por su parte, para los teóricos de la elección racional las
instituciones carecían de valor explicativo: los individuos son concebidos como
átomos conectados entre sí por sus interacciones, de tal forma que su
comportamiento político se diferencia poco de su comportamiento económico.
En los años 70, politólogos,
sociólogos y economistas se sienten incómodos con este planteamiento atomista,
de forma que buscan caminos diferentes: (a) Los politólogos se centran en el papel del Estado y adoptan una
perspectiva histórica; (b) Los sociólogos
se centran en el estudio de las relaciones e interacciones sociales, y (c) Los economistas prestan atención a las
instituciones. D.
North plantea que las instituciones priman o penalizan unos comportamientos
sobre otros: son las reglas del juego de una sociedad o los constreñimientos
diseñados por las personas para moldear la interacción humana. Por tanto,
estructuran los incentivos de los intercambios políticos, sociales y
económicos.
Este reduccionismo de las
instituciones se relaciona con la constatación de los problemas que traía
consigo la aplicación de modelos económicos neoclásicos al campo de la Ciencia
Política. Se abrió una fructífera línea de investigación centrada en la
siguiente pregunta: ¿Hasta qué punto las instituciones condicionan la manera en
la que se solucionan determinados problemas y hasta qué punto resuelven
problemas de acción colectiva?
Los estudios del Institucionalismo Racional tienen 4 elementos
sustantivos:
(#1) El supuesto de racionalidad
instrumental y maximizadora de los actores.
(#2) El planteamiento de la acción
política en términos de dilemas de acción colectiva por los cuales la
racionalidad individual tiende a producir resultados subóptimos a nivel agregado.
(#3) El énfasis en los comportamientos
estratégicos de los actores, es decir, todo actor, antes de emprender, intenta
anticipar qué harán los demás a continuación.
(#4) Las instituciones como instrumentos
designados ex profeso para reducir las incertidumbres inherentes a toda
interacción humana. Desde la óptica de un economista, toda institución es una
solución negociada a algún tipo de problema de cooperación.
3.3.
Institucionalismo Sociológico. La
Sociología también mostró un renovado interés por las instituciones, suponiendo
un cambio de paradigma dentro de la Sociología de las Organizaciones, el cual,
sin romper con el paradigma racionalista e individualista, lo matizaba en una Racionalidad Limitada (Bounded Rationality) dentro de las
estructuras organizativas:
El
Viejo Institucionalismo Sociológico (Sociología de las Organizaciones). En los años 50 y 60 la Sociología de las Organizaciones se
ocupó de:
(#1) Análisis micro de los papeles,
estatus y tareas de los individuos dentro de las organizaciones.
(#2) Cómo las organizaciones socializan
a los individuos en los valores, normas y prácticas de la organización.
(#3) Atención en las consecuencias no intencionadas de la lógica institucional o burocrática.
(#4) Las instituciones reflejan
estructuras de valores y su función consiste en producir y reproducir
determinados valores y comportamientos y no tanto en facilitar la consecución
de intereses individuales.
El
Nuevo Institucionalismo Sociológico (Nuevo Análisis Organizativo). El Nuevo Institucionalismo Sociológico representa un salto
cualitativo con un nuevo análisis organizativo:
(#1) Adoptando el programa constructivista, entiende que la realidad está socialmente construida, con lo cual, conceptos como racionalidad o institución son inseparables del contexto social en el que se formulan.
(#2) Las preferencias de los individuos
resultan de la interacción social, son creadas por las instituciones, la
cultura, el hábito y otras pautas (pero nunca son autónomas, exógenas o individuales).
(#3) El comportamiento de los actores
políticos responde más a la influencia de pautas culturales que
racional-instrumentales.
(#4) No se trata de que las
instituciones marquen qué es apropiado hacer en cada momento, sino que
construyen estructuras completas de significado para interpretar las acciones individuales
en cada contexto. Las instituciones son marcos de significado, percepción y
comportamiento que indican a los actores lo que deberían preferir en cada
momento, no siendo simples instrumentos para la realización de sus
preferencias. Las instituciones no condicionan las preferencias de los
individuos, sino que establecen los criterios mediante los cuales los
individuos descubren sus preferencias. Así, las instituciones (p.e. cultura)
serán causa y no consecuencia de nuestras acciones, por lo que no pueden ser
explicadas desde el punto de vista de las preferencias de los individuos.
(#5) Este giro hacia lo cognitivo (hacia
las percepciones, las identidades y la cultura) se refleja en la definición de
institución del Nuevo Análisis Organizacional: «las instituciones no son sólo reglas formales, los procedimientos o
las normas, sino los sistemas simbólicos, los guiones cognitivos y las
estructuras morales que dan significado a las acciones humanas».
Puede ser considerado como una manera de orientar los diseños de
investigación en Ciencia Política. Se trata de una constatación de acerca de la
importancia de los factores organizativos en la vida política. Los 3 nuevos
institucionalismos están construidos sobre algo más que diferentes premisas
porque implican maneras de aproximarse a la realidad que son incompatibles
entre sí (lo cual les ha generado un cierto descrédito):
El Institucionalismo Racional se
sitúa en el marco del Individualismo Metodológico.
El Institucionalismo Sociológico
enfatiza los aspectos cognitivos o culturales de la conducta.
El Institucionalismo Histórico
tiende a atribuir un gran peso a las grandes estructuras y procesos históricos.
A pesar de estos puntos débiles, no
debe ignorarse su importante contribución. La recuperación de las instituciones
para el análisis del politólogo ha contribuido al avance de la Ciencia Política
en la misma medida que en su día lo hiciera el Conductismo o la Teoría de la
Elección Racional.
4. EJERCICIO
PRÁCTICO: LA CAPACIDAD EXPLICATIVA DE LOS DISTINTOS ENFOQUES DE INVESTIGACIÓN. El progreso de la Ciencia Política es un progreso
incremental basado en la revisión constante de los conceptos y de la propia
realidad con la ayuda de nuevas teorías, hipótesis y evidencias empíricas. J. Elster (1996) ha afirmado que las
Ciencias Sociales pueden aislar tendencias, propensiones y mecanismos y
demostrar que tienen consecuencias para la conducta que, a menudo, son sorprendentes
y contrarias a la intuición. Lo que menos frecuentemente son capaces de hacer
es expresar las condiciones necesarias y suficientes en las cuales se ponen en
marcha los diferentes mecanismos. «Dios
dio a los físicos lo problemas fáciles y dejó a los politólogos las cuestiones
imposibles de responder de forma definitiva». Veamos cómo este
planteamiento se pone de manifiesto al estudiar el análisis que cada enfoque de
investigación realiza de los conflictos bélicos.
4.1. El Conductismo y
el Estudio de los Conflictos Bélicos. Ch. E. Merriam proponía en 1921 dos medidas para convertir el estudio de
la política en una disciplina plenamente científica:
Explorar
las bases psicológicas y sociológicas del comportamiento político. En este sentido, H.
Laswell fue uno de los precursores
de los estudios sobre la personalidad autoritaria, el liderazgo político, la
psicología de masas, la comunicación política y la propaganda.
Introducir
de una manera sistemática la cuantificación en el análisis de los fenómenos
políticos. D. Singer utilizó técnicas de
cuantificación para buscar regularidades en la observación de la realidad. Por
importante que sea el factor humano, no es suficiente para explicar de manera
científica por qué hay conflictos armados entre los Estados. Con el propósito
de demostrar la importancia de los factores estructurales sobre los personales,
en 1964 lideró el proyecto Correlates of
War y diseñó una gran base de datos en la que registraba toda la
información relativa al conjunto de conflictos acontecidos entre los Estados de
acuerdo con algunas categorías previamente definidas (demográficas, militares o
económicas) [10].
Uno de los resultados más reveladores es que raramente las democracias se
declaran en guerra: la mayoría de los conflictos armados del mundo se dan entre
dictaduras y democracias y sólo muy excepcionalmente entre democracias consolidadas.
La Teoría de la Paz Democrática construida sobre estas observaciones
empíricas de Singer ha tenido gran repercusión en el ámbito de la política
exterior al situar la democratización global en el centro de la agenda de la
paz y el desarrollo mundial. Establece que, aunque las democracias no dudarán
en ir a la guerra contra regímenes dictatoriales, son intrínsecamente pacíficas
entre ellas. Frente a la primera Ciencia Política apegada a la Psicología, la Teoría de la Paz Democrática demostró el
valor de la investigación empírica basada en el estudio de las semejanzas y diferencias
en una serie de casos previamente seleccionados de acuerdo con algunas
variables relevantes. Este enfoque de investigación basado en el método
comparado llevó a estos investigadores a definirse como «comparartistas» (en lugar de conductistas).
4.2. La Teoría de
Juegos y los Conflictos. Mientras conductistas y
comparatistas utilizaban métodos inductivos, politólogos de orientación economicista
optaron por un enfoque deductivo y la Teoría
Económica de la Política (o Teoría de
Juegos), la cual tuvo un gran auge durante a Guerra Fría.
T.
Schelling (1960) propuso que todos los
conflictos pueden ser entendidos como negociaciones de carácter estratégico en
las que el logro de los propios intereses depende de la capacidad de prever y
anticipar los movimientos y las respuestas del contrario. El conflicto bélico no
se analizaba desde el punto de vista psicológico como lo hacía H. Laswell, sino desde el punto de
vista de la racionalidad, distinguiendo medios y fines, preferencias y
estrategias.
El resultado fue la Teoría de la Disuasión Nuclear que
partiendo del supuesto de que, en ausencia de un derecho internacional efectivo
y de instituciones internacionales eficaces para gestionar de forma pacífica
los conflictos, los Estados se veían obligados a confiar exclusivamente en la
fuerza militar para garantizar su supervivencia. Se trataba de una «anarquía estructural» hobbesiana en la
que sólo la ley del más fuerte imperaría en una lucha por la supervivencia entre
Estados.
Durante la Guerra Fría y como en el
Juego de la Gallina, la política de
defensa estadounidense se basó en la Teoría de la Disuasión: Estados Unidos no
sólo preservaría su seguridad mediante la acumulación de poder militar, sino en
la medida en que convenciera a la Unión Soviética de su determinación a usar
dicho armamento nuclear en caso de conflicto. La paz no se aseguraría mediante
la diplomacia, sino elevando los costes de un conflicto entre las dos
superpotencias. Como ejemplo, tenemos la Crisis
de los Misiles Cubanos de 1962 que presentaba la siguiente Matriz de Pagos
(que permite formular el problema y estudiar las estrategias y posibilidades de
ambos gobiernos):
Todo juego tiene una Solución de Equilibrio, es decir,
aquella en la que cada actor ha determinado cuál es su mejor secuencia de
actuaciones, independientemente de lo que haga el otro. En contraste con el Dilema del Prisionero (en el que hay una
única solución de equilibrio) en este Juego
de la Gallina no hay una estrategia dominante: uno puede decidir no ceder
(ganará 5 o perderá 20), pero también puede optar por ceder y apartarse
(perderá 5 o se quedará igual). Así pues, solo gana aquel que decide mantener
el rumbo y consigue que el otro se aparte, lo que exige convencer al otro de
antemano de que no se apartará pase lo que pase. Sin duda, esta estrategia no
garantiza el éxito y es peligrosa.
La realidad en el caso de los
misiles cubanos fue la siguiente: los cargueros rusos dieron la vuelta, como
parte de un acuerdo secreto negociado: Jruschev retiraría los misiles de Cuba a
cambio de que Estados Unidos retirara los instalados en Turquía. Así, el Juego de la Gallina se habría resuelto
porque los dos líderes habrían cedido. Existen dos explicaciones:
Para unos, fue Jruschev el que
cedió: lo definitivo no fue la retirada de los misiles de Turquía, sino que los
rusos, viendo el despliegue militar de Kennedy, habían conferido credibilidad
al ultimátum de invadir Cuba en 48 horas.
Para otros, el que cedió fue
Kennedy porque la situación de Jruschev y de Castro mejoró con respecto a la
situación existente antes del inicio de la crisis: mientras Jruschev logró la
retirada de los misiles de Turquía, Castro logró un compromiso de Estados
Unidos de no invadir Cuba.
4.3. El Estudio de
los Conflictos desde el Nuevo Institucionalismo.
Este enfoque busca ir más allá de las explicaciones basadas en los factores
personales, para resaltar cómo instituciones diferentes pueden provocar
resultados distintos en contextos muy similares. Las instituciones no son neutrales,
sino que median en los resultados de
la acción política.
G.
Allison (1971) propuso que el Modelo del Actor Racional muestra
algunas limitaciones a la hora de explicar y predecir la conducta de los
Estados. Optó por combinar explicaciones basadas en las culturas y prácticas
organizativas de diferentes organizaciones, agencias y departamentos federales
involucrados en la Crisis de los Misiles Cubanos (Modelo de Conducta Organizacional) y las rivalidades y luchas de
poder entre diferentes agencias gubernamentales, ministerios y líderes
políticos (Modelo de Política
Gubernamental). Las decisiones del gobierno estadounidense estaban
fuertemente influidas por el proceso organizativo, las rutinas de
funcionamiento y los procedimientos estandarizados existentes en cada
Departamento o Agencia Federal, es decir, un tipo de explicación que suele
ofrecer el Nuevo Institucionalismo
Sociológico. Así pues, no es suficiente con el Juego de la Gallina y la Teoría
de la Elección Racional: es preciso tener en cuenta la cultura organizativa
y los procedimientos de funcionamiento, por ejemplo, del Pentágono, la desconfianza
de Kennedy en la CIA y los militares, las rivalidades entre el Departamento de
Estado y el de Defensa, el papel destacado de Robert Kennedy o el del Consejero
de Seguridad Nacional.
N.
Dixon (1969) analizando como la rigidez
jerárquica dominante en los ejércitos explica algunas derrotas bélicas, ofrece
otro ejemplo de hasta qué punto las organizaciones imponen a los individuos
patrones y pautas de conducta que desincentivan la eficacia organizativa.
M.
Mattin (1986) estudia la estructura
social, política, económica y administrativa del Imperio Alemán regido
por el Káiser Guillermo, detonante de la Primera Guerra Mundial. Una alianza formada
por terratenientes, industriales, altos funcionarios y oficiales del ejército
se hizo con el control del Estado en la Alemania imperial e impuso su propia
visión del mundo, fines y valores. Al afirmar que las identidades personales de
los protagonistas eran irrelevantes, se situaba en el extremos opuesto del
Conductismo (que otorgaba una importancia central a los factores de motivación
personal) y muy cerca del Marxismo (que sostenía que los hombres hacen la
historia, pero no a su libre albedrío, sino en unas circunstancias no elegidas
por ellos).
El potencial explicativo del
enfoque institucionalista también se ha puesto de manifiesto a la hora de
explicar el tipo de conflicto dominante tras la caída del muro de Berlín (1989),
el fin de la Guerra Fría y la guerra civil y/o de carácter étnico.
Desde el Institucionalismo Racional, J.
Fearon (1995) ha propuesto explicaciones basadas en la Teoría de Juegos. La probabilidad de que la secesión de un Estado
desemboque en un conflicto étnico depende de la percepción por parte de la minoría
de las intenciones de la mayoría. Toda minoría prefiere la independencia antes
que la autonomía, pero si el coste de la secesión es la guerra, preferirá la
autonomía antes que el conflicto. Cualquier minoría preferirá luchar antes que
ser exterminada o deportada. La probabilidad de que una secesión dé lugar a un
conflicto étnico dependerá de la credibilidad de las promesas de autonomía que
la mayoría haga a la minoría y también de la credibilidad que la mayoría
otorgue a las intenciones de secesión de la minoría.
En el caso de la antigua
Yugoslavia, tenemos la evidencia de que Serbia y los serbio-bosnios carecían
de la intención de preservar la autonomía de eslovenos, croatas o bosnios. Así,
era imposible una solución basada en la autonomía, lo cual empujaba a
eslovenos, croatas y bosnios hacia la secesión. Por otro lado, la falta de
credibilidad de las instituciones internacionales (OTAN, ONU y UE) de su
capacidad de proteger a las minorías u obligar a los serbios a cumplir cualquier
alto el fuego acordado, haría
factible que los líderes serbo-bosnios se plantearan la idoneidad de una
estrategia basada en la limpieza étnica en los territorios cuyo control
deseaban retener.
[1]
Especulación razonada y precisa sobre la respuesta que cabe dar a una pregunta
dentro de una investigación e incluye una declaración de por qué esta respuesta
es la correcta.
[2]
Así por ejemplo, la Teoría de la Paz
Democrática establece que las democracias rara vez se declaran la guerra,
es decir, cuando ocurre A (democracia), no ocurre B (guerra). O la Teoría de la Disuasión Nuclear explica
la naturaleza estratégica del comportamiento enfrentado de dos Estados con
capacidad nuclear, es decir, cuando ocurre A (el país X hace X’), ocurre B (el
país Y hace Y’).
[3] (a) El clásico estudio
de R. Dahl (¿Quién gobierna?) de 1961
que, además de para reforzar las tesis de los pluralistas, sirvió para afianzar
la validez del enfoque y de las técnicas de investigación empleados por los conductistas;
(b) La Cultura Cívica de G. Almond y
S. Verba de 1963 es hoy día una obra de referencia en los estudios sobre
cultura política; y (c) El concepto de Capital
Social popularizado por R. Putnam es clave para el análisis de las
sociedades democráticas del siglo XXI.
[5] La regla de la mayoría
puede provocar resultados sumamente arbitrarios, produciendo mayorías cíclicas
o inestables y prestarse a la manipulación de resultados por parte de aquellos
que determinan la agenda y el orden de las votaciones.
[6] La misma voluntad popular puede conducir
a resultados completamente distintos si para conocerla se opta, por ejemplo,
por una elección de una, dos o tres vueltas.
[7] Aquellos bienes que reúnen una doble
característica: (a) Que no se pueden excluir de su consumo a aquellos que no
han participado en la provisión de los mismos (Principio de No Exclusión); y (b) Que la cantidad del bien
producido no disminuye por el hecho de que más o menos personas consuman dicho
bien (Principio de No-Rivalidad en el
Consumo).
[8]
Gorrones o polizones.
[9] Que los actores se comporten
racionalmente no implica afirmar nada acerca de sus cualidades morales porque
la explicación de los fines últimos de cada individuo no forma parte de los
objetivos de esta teoría. No estamos ante un debate acerca del egoísmo o del
altruismo de las acciones de los individuos.
[10] Este sistema sigue vigente
actualmente y cubre el periodo 1816 a 2001 y recoge 44 variables de cada conflicto
internacional.
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